Extrañar y adaptarse: aprender a vivir entre dos mundos
A veces adaptarse es difícil porque no cambia solamente un aspecto de nuestra vida.
Cambia un mundo entero.
De repente, cosas que antes eran automáticas dejan de serlo. Ya no sabés exactamente dónde queda el banco, dónde encontrar un médico de confianza, cuál es el lugar al que ir cuando necesitás resolver algo. Todavía no tenés esos puntos de referencia que antes te daban seguridad sin que siquiera los pensaras.
Y mientras intentás construir una nueva rutina, también estás intentando conocer personas, adaptarte a un nuevo trabajo, entender una nueva forma de vivir y hacer propio un espacio que todavía se siente ajeno.
Porque no solo cambia el lugar donde vivimos.
También cambia la forma en la que nos relacionamos.
Te encontrás en conversaciones donde muchas veces no sabés de qué están hablando. Escuchás nombres de lugares que para los demás son conocidos, pero para vos todavía no significan nada. No sabés si están hablando de un barrio, una cafetería, un restaurante o una ciudad.
Y quizás para los demás es algo cotidiano, pero para vos es otra pequeña señal de que todavía estás aprendiendo.
También aparecen esos momentos en los que algo te sorprende. Una forma de hablar, una manera de dirigirse a alguien, una costumbre que para vos resulta extraña. Y cuando preguntás, la respuesta es: "aquí es lo normal".
Y ahí volvés a recordar que estás aprendiendo un nuevo código.
Hasta algo tan simple como hacer un chiste puede sentirse diferente.
Con las personas que te conocen desde hace años no necesitás explicar demasiado. Ellos saben de dónde viene tu humor, conocen tus historias, tus formas, tus frases, la persona que sos desde pequeña.
Pero al llegar a un lugar nuevo, muchas veces tenés que volver a presentarte.
Explicar quién sos, de dónde venís, por qué decís ciertas cosas, qué significa esa expresión que usaste.
Y aunque parezca algo pequeño, también forma parte del proceso.
Porque emigrar no es solamente aprender nuevas calles.
Es aprender nuevas formas de pertenecer.
Y quizás pensamos que esta era la parte más difícil: adaptarnos, aprender y construir una nueva rutina. Pero cuando todo empieza a acomodarse, aparece una nueva etapa: la duda.
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